18 de diciembre. En plena Maratón de TV3, volcada en los trasplantes de órganos, leo en internet un comunicado de la Agencia Europa Press que dice: El Gobierno de la Generalitat ultima el cierre de empresas públicas y rebaja sus presupuestos hasta el 60%.
Dos acontecimientos de enorme profundidad que explican porque Catalunya sigue siendo el espejo en el que se mira el resto de España, fruto de la gran madurez alcanzada por la sociedad catalana.
Y es que, a la capacidad de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya de encabezar los ránquines de donaciones de todo tipo, se suma la respuesta masiva a la hora de recaudar dinero en favor de la investigación para mejorar la calidad de los medicamentos. Y todo ello en plena crisis económica.
Pero es que la segunda noticia, la que afecta a las finanzas de la Generalitat, supone un giro copernicano en las políticas de austeridad, por cuanto sitúa el epicentro de los recortes en los gastos prescindibles de la Administración, dando un respiro a las partidas de Sanidad, Seguridad y Educación.
Porque un recorte en empresas públicas de dudosa solvencia; la fusión de otras tantas; la reducción de altos cargos y asesores y una televisión pública, TV3, mucho más viable económicamente -para que periodistas afamados dejen de cobrar el doble y el triple que el mismísimo Presidente de la Generalitat- me parecen medidas decisivas, valientes y sobre todo justas.
Aunque para esquivar la sangría de puestos de trabajo y la rebaja de sueldos de médicos, maestros y policías, tal y como demanda la gran mayoría de catalanes, se necesita voluntad política y no me cabe duda que, en este sentido, 2012 traerá noticias favorables.
Como lo sería la de reinventar una Administración mucho más eficaz, directa y barata, unificando Diputaciones y Consejos Comarcales en un solo ente de gestión, situado entre Generalitat y Ayuntamientos, con todo lo que conlleva de ahorro presupuestario.
Como la de modificar las condiciones de los expresidentes para que su situación económica, una vez cesada su actividad, también se adapte a la austeridad de los nuevos tiempos, acabando así con los privilegios seudomonárquicos.
Como la de redimensionar las subvenciones a partidos políticos y sindicatos para que su propia autosuficiencia los haga más libres.
Como la de traducir la solidaridad del pueblo catalán en un pacto social que posibilite que los catalanes dispongamos de las condiciones económicas que realmente merecemos, tan buenas como las que disfrutan las comunidades a las que solidariamente ayudamos.
Como la de apoyar al trabajador que necesite un empuje para salir del agujero del paro, facilitando la fluidez de los microcréditos y minimizando o flexibilizando sus condiciones fiscales.
Como la de hacer de Catalunya una zona interesante para crear empresas, cuidando y mejorando las condiciones empresariales como se había hecho antaño.
Como la de sanear el mundo del deporte, instaurando los topes salariales en los deportistas de élite, para que los intereses de los grandes clubs no pongan en peligro la supervivencia de las administraciones y de una vez por todas Catalunya sea un ejemplo de país donde valores como el talento y el sacrificio tengan su recompensa, con independencia del deporte que se practique.
Son, todas ellas, medidas necesarias para revertir la situación de marasmo de la etapa anterior, con el fin de devolver la confianza y la esperanza a nuestros gestores públicos.
Una misión, difícil pero no imposible, que merece como mínimo nuestra atención.

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