Si la calidad social, moral y ya no digamos medioambiental de una sociedad se midiera por el estado en que amanece la arena de sus playas, después de una festividad como la de Sant Joan, los ciudadanos de Badalona se disputarían el honor de ser los más guarros, dejados e insolidarios.
Esta mañana, sobre las siete horas y por razones de trabajo, que no por gusto, me ha tocado desplazarme al Paseo Marítimo, coincidiendo con el servicio montado por la Guardia Urbana, los Mossos d’Esquadra y la Diputación para desalojar la playa y limpiar los restos de la verbena, y lo que han podido ver mis ojos ha sido simplemente vergonzoso.
¿Qué cuesta recoger en una bolsa los restos de comida, latas, botellas de vidrio, de plástico, colillas y paquetes de cigarros, trozos de cristales, tiendas de campaña abandonadas, toallas olvidadas,… y llevársela hasta el contenedor más cercano una vez finalizada la fiesta?
No entiendo bajo qué pretexto una persona, de la edad que sea, puede justificar un comportamiento antisocial, irrespetuoso con el medioambiente e insolidario con los demás, pero sobre todo, un comportamiento generalizado, que es lo más preocupante.
El hecho de dejar la porquería sobre la arena supone un claro síntoma de que el retroceso en valores no tiene freno, porque con el paso del tiempo, de una falta de consideración hacia los demás se ha pasado a una costumbre asumida, y ahora por lo visto, es de “primos” llevarse la suciedad en una bolsa. Mejor dejarla allí mismo para que lo recojan los servicios de limpieza, porque para eso les pagamos.
Por eso me produce mucha tristeza que tengan que plantearse este tipo de dispositivos, costeados con nuestros impuestos, para limpiar la playa de desechos y despojos, cuando un mínimo esfuerzo individual sería suficiente para dejar la playa en buen estado.
En fin, será que soy un bicho raro, no lo se, pero cada vez estoy más seguro de que el incívico no nace, se hace y se mezcla en la masa para pasar desapercibido.
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