Badalona. Las 21:45 horas. Llego con el tiempo necesario, entro en la Jefatura de la Guardia Urbana, saludo a un montón de compañeros, luego me cambio en el vestuario y como cada día, me siento junto a mi ordenador, mis carpetas y mi responsabilidad.
Lo primero que nos dicen los que acaban el turno anterior, a mi compañera y a mí, es que las diligencias de los dos tenidos de la tarde, por Ocupación de Vivienda, ya están terminadas y listas para salir. Después nos comentan que hay dos comparecencias pendientes del turno de la tarde, que están al llegar. En una de ellas, una patrulla ha intervenido con una súbdita china que denuncia vejaciones y lesiones por parte de tres individuos. En la otra, tres jóvenes embriagados, después de crear desórdenes públicos en un Frankfurt, cuando la propietaria se había negado a servirles más consumiciones, le han amenazado con volver para destrozar el local. La patrulla también ha logrado localizarlos e identificarlos.
Disponemos de tiempo, por lo que aprovechamos para tomar un café. Recogemos el transmisor, nos damos de alta en la Sala de Mando y salimos a vía pública con la furgoneta de Atestados.
No hemos recorrido ni dos calles cuando somos requeridos por la Sala: ¡Romeo-1!, diríjanse a la intersección de la calle Ramón Llull y Ausias March. Un turismo que ha perdido el control, ha arrancado una pilona, una papelera y, tras golpear un semáforo, ha chocado contra dos vehículos estacionados, dándose a la fuga... Tenemos la matrícula aportada por el testigo y acudimos al lugar.
En esta ocasión ha habido suerte. No se han producido lesionados, pero como el propietario del vehículo ha acudido a denunciar el robo, y sospechamos fundadamente que se trata de una denuncia falsa, decidimos instruir Diligencias por Simulación de Delito.
De vuelta al Departamento, tomamos declaraciones a las dos patrullas del turno de la tarde que estaban esperando. Al finalizar seguimos revisando expedientes, introduciendo datos informáticos para el Servei Català de Trànsit y cumplimentando citaciones.
Llegada la 01:00 de la madrugada, mientras cenamos, Bétulo-0 comisiona a dos patrullas para que se dirijan a la calle Estrella, donde según el requirente, están forzando un bar, y como el que no quiere la cosa, los compañeros que cenaban con nosotros, al escuchar el comunicado, saltan de sus asientos, dejan sus bocadillos, suben a los vehículos policiales y comunican a la Sala que se dirigen a colaborar. Al poco tiempo, comunican que un joven que huía del interior del bar, portando una bolsa con dinero, ha resultado detenido; y con el autor del robo, una patrulla se dirige al Hospital Municipal para visitarle de forma protocolaria, mientras un compañero, que ha recibido una patada del encartado, recibe también atención médica.
Cuando el detenido llega a nuestras Dependencias, es ingresado en el Preventorio. Tenemos trabajo para un buen rato. Hay que tramitar el Atestado para enviarlo, junto con el detenido, a la Comisaría de Mossos d’Esquadra.
Son las 04:30 horas. Las patrullas uniformadas y las de paisano, que realizan el servicio especial para localizar a posibles autores de incendios en vehículos, comunican que no ha habido ninguna incidencia, y cuando son las 05:00 horas, el Servicio de Control de Alcoholemia, entra por la puerta. Traen al conductor de una furgoneta. Le realizamos la prueba con el etilómetro de precisión, y como supera la tasa penal, procedemos a imputarle.
A las 06:00, una jornada en Atestados, como tantas otras, llegada a su fin, y pasamos novedades. ¡No queda nada compañeros! Sólo… el trabajo bien hecho.
Publica per Lorenzo Merchán González a la Revista EL TOT